Todo fríamente calculado

Durante 36 semanas había soñado con la llegada de mi esperado Farid, y según yo lo tenía todo fríamente calculado.

Prepare un checklist minucioso (perfecto como me gustan las cosas), hice una exhaustiva investigación de absolutamente todo lo que tenía que comprar, compré todo con mucho tiempo. Lave, planche y guarde en ziplocs herméticamente cerradas toda su ropita. Preparé su maletín empezando las 30 semanas asegurándome de tener todo listo para cualquier emergencia.

Soñé con dar a luz naturalmente y preparé mi cuerpo para eso, fui aplicada y no falte a ninguna de mis clases de yoga prenatal, es más a varias clases lleve a mi esposo para que él también se preparara. Aprendí a respirar, me preparé mentalmente para ser fuerte y estar lista para ese momento que esperaba con ansias.

Hice una consulta con el neonatólogo, quería que él sepa lo importante que era para mi ese momento de piel con piel apenas nacen, quería que sepa que la fórmula estaba prohibida y que la lactancia debía empezar en cuanto sea posible... tenia todo bajo control.

Todo parecía ir por el camino correcto y cada día me ilusionaba más imaginando como iba a ser ese día.

Llegó el día de realizarme mi última ecografía, y fue ahí donde el médico que me hizo el examen observó que el bebé no tenía el peso ni tamaño esperado para esa semana, la bolsa tenía poco líquido amniótico (estaba en el rango mínimo aceptable), pero me dijo que no había de que preocuparse.

Iniciando la semana 36 fui a mi ginecólogo con la ecografía, luego de leer el informe y al ver su cara me entró el pánico. Me hizo inmediatamente una ecografía, el bebé no había aumentado ni un solo gramo en las últimas semanas, además había perdido más líquido. Lo primero que me dijo fue, descarta la opción de un parto natural ya que con la cantidad de líquido que tienes tu bebé no resistirá las contracciones.

Todo, absolutamente todo lo que había soñado durante todo ese tiempo, se me vino abajo. Estaba aterrada, ¿porque mi bebé no esta creciendo? ¿Por qué cada vez tenía menos líquido? ¿Cuánto más tenía que aguantar así?

Ese día me pincharon como 6 dosis de corticoides para acelerar el desarrollo de los pulmones de mi bebé y me mandaron a hacer reposo absoluto. Dos noches aguanté sin pegar un ojo, pendiente de que mi bebé se mueva, aterrada de que algo malo pueda pasarle. El tercer día volví a consulta, fui con mi mamá por que mi esposo estaba arreglando unos problemas de trabajo. Entre a consulta a las 10:30 de la mañana y luego de una revisión mi doctor me dijo… Flaca hoy nace Farid, te veo a las 12 en la clínica, la cesárea será a las 3 de la tarde.

La única persona de la familia de mi esposo que estaba en Cochabamba era mi cuñada Jimena. Mi suegro y una de mis cuñadas en Santa Cruz, mi suegra y mi otra cuñada (que tuvo su bebé un mes antes) en La Paz. Llamé a mi esposo y le dije, estoy yendo a recoger mi maletín, me tengo que internar en una hora, nos vemos en la casa…!!

Nunca me voy a olvidar que a los 15 minutos que me metieron a emergencias para tomarme los signos vitales escuché afuera la voz de mi suegro (todavía no entiendo como llego en menos de dos horas de otra ciudad), de pronto estaba en la camilla, esperando que me lleven a quirófano, congelada y terriblemente asustada (según ecografía mi bebé pesaba 2,100Kg.).

Al sacarme de emergencias a quirófano me despedí de mis papas, mi suegro, mi hermano y mi cuñada. Mi esposo y mi hermana entraron a quirófano minutos antes de que empiece la cesárea.

No sé cuanto tiempo estuve en el quirófano antes de que empiece todo, solo sé que fue eterno. Nunca en mi vida sentí tanto frío, tantos nervios, tanta emoción, tanto miedo. Yo creo que solo una mamá puede entender esos minutos que se vuelven horas esperando en quirófano.

Llego la anestesista, lo primero que me pregunto fue que música quería escuchar… por supuesto que elegí a Aerosmith (mi grupo favorito), puso la música y me dijo quédate tranquila, estás en buenas manos, claramente mis nervios eran muy notorios. Apenas sentí la peridural, realmente estaba en las mejores manos. Pocos minutos después estaba completamente anestesiada de la cintura para abajo.

Llego mi doctor, el más amado y divertido, y detrás de él entraron sus ayudantes, el neonatólogo, mi esposo y mi hermana. El ambiente fue cambiando y los nervios fueron desapareciendo.

Nunca me imaginé que una cesárea sea tan rápida, sin darme cuenta escuche a mi doctor decir, aquí está… uy es chiquitito, mira el cordón tan delgado… y luego escuche a esa miniatura de bebé con los pulmones más potentes del mundo ensordecer el quirófano con su llanto.

Eran tantos los nervios de recibir a ese bebé tan pequeño que nadie se acordó de mi requerimiento de piel con piel, Farid llego al mundo con 1,980Kg. Y apenas 40 cm. Tan solo alcancé a darle un beso en su cachetito, ni siquiera vi bien su carita y se lo llevaron a neonatología.

Salí de quirófano como a las 5 pm a mi habitación, y toda mi familia pendiente del bebé se entero que estuve sola en la habitación como una hora esperando que alguien les diga que ya había salido de quirófano… parece parte de una comedia, pero es una anécdota un poco cruel jajajaja

A las 6 de la tarde la habitación estaba llena, toda mi familia dispersa llegó en menos de lo que imaginábamos. Todos estaban ahí acompañándome. Yo no sentía mis piernas y lo único que quería era ver a mi bebé.

La enfermera llegó, pero con las manos vacías a decirme que Farid tenía que quedarse en neonatología y que el médico me explicaría luego. Más tarde llegó el médico de Farid a tranquilizarme un poco. Farid era un prematuro muy fuerte, no necesito oxígeno ni un solo minuto, pero necesitaba quedarse al menos 5 días en neonatología por precaución ya que al tener las membranas de la bolsa que lo protegía rotas podía haber contraído cualquier infección dentro el vientre.

Y pues así una vez más mi plan estaba fallando. Conocí a mi bebé al día siguiente, y no pude darle leche desde el primer minuto de su vida.

Nada de lo que preparé en su maletín le quedaba, ni siquiera las mamaderas que había comprado le servían, nadie me advirtió que las cosas a veces no salen como uno las planea, de ninguna forma me sentía preparada para todo lo que estaba sucediendo. Una vez más nuestras familias, en tiempo récord nos dejaron en la clínica ropa, pañales y mamaderas de prematuro.


A la mañana siguiente, a las 6 am estaba duchada, vestida y como nueva, lista para ir a conocer a mi bebé (todos me decían no parece que hayas tenido una cesárea ayer en la tarde), llegue a la sala de neonatología y mi corazón se hizo pedazos viendo a mi bebé, con suero, con sonda, con sus manitos amarradas para que no se saque lo que tenía conectado, con sus ojitos tapados.






Ese rato la enfermera me lo pasó y es increíble la naturaleza del ser humano, pero el segundo que lo agarré se me pego al pecho y no lo soltó más por lo siguientes 10 meses. Era tan fuerte aún siendo tan pequeñito, que desde el día uno sostenía su cabecita solito (era impresionante). Pasé los siguientes 4 días yendo y viniendo de la clínica llevándole leche, ropita, pañales, y haciendo de mamá canguro, hasta que el quinto día lo dieron de alta y finalmente nos fuimos juntos a casa.



Es increíble cuanto me enseñó Farid desde su llegada.

Uno puede planificar muchas cosas, pero todo será como tiene que ser. La forma en la que llegó me mostró que uno debe preparase para todo y no solo para lo que desea que suceda.


Me enseñó que las mamás que dan a luz por cesárea no son menos mamás que las que tiene de forma natural.


Me enseñó que la cesárea además de ser un procedimiento rápido y “fácil”, es tremendamente invasivo y doloroso, y su recuperación es más lenta y difícil.


Me enseñó que la fórmula no es una mala opción cuando no puedes darle pecho.


Me enseñó que un parto en quirófano no deja de se un parto “humanizado”, porque eres tu una humana dando vida a un humano de la única forma en la que se te hizo posible traer vida a la mundo y eso no debe ser señalado como una mala práctica.


Me enseñó que el apego de mamá y bebé se da de la misma forma si lo haces el minuto que nace o si lo haces uno o más días después, y que a pesar de cada situación la conexión entre mamá y bebé es única y perfecta SIEMPRE.


Y por último me enseñó que pensar que tienes todo bajo control no siempre es lo mejor, y que debes poner todo en las manos de Dios sin tener más expectativas, porque luego entenderás que sus planes siempre son perfectos.

Espero que esta entrada te haya gustado y que mi experiencia y lecciones aprendidas puedan ayudar a futuras mamás de alguna forma.

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