Cuando la mamá gallina deja el nido

Enséñales con el ejemplo… aunque suene trillado es muy cierto que los niños aprenden e imitan absolutamente todo lo que ven. Es así que yo aprendí de mis padres que soñar no tiene límites y que para que esos sueños se hagan realidad uno debe trabajar por ellos. Y pues con ese ejemplo, desde que pude trabajé.


Me metí en todas las pasantías que pude y saqué provecho de cada una, pues fueron muy importantes para mi formación profesional y personal. Comprendí el valor que tiene cada cosa y cuanto le cuesta a uno ganarlas.

A penas terminé la universidad conseguí mi primer trabajo, y ese fue el inicio de un sinfín de oportunidades que se me presentaron, entre las cuales la mejor fue poder cumplir mi sueño de irme a vivir a Washington D.C. a trabajar en el Banco Interamericano de Desarrollo, sueño al que renuncié cuando decidí casarme.


Mi vida profesional continuó cuando decidí volver a Bolivia, experimente el campo del emprendimiento, donde fracasé por primera vez a mis 27 años, luego volví a ser empleada de una grandiosa empresa. En todas estas etapas, nunca me vi a mi como una mamá que se queda en casa, siempre pensé que sería de las mamás que vuelven a trabajar en cuanto termina la baja de maternidad.


Como siempre, la vida me sorprendió, y cuando me convertí en mamá de un prematuro la situación me obligó a dejar mi trabajo y ser mamá a tiempo completo, el cual muchas personas no lo consideran como un trabajo…

Ser mamá a tiempo completo es un privilegio y también es muy sacrificado a diferencia del concepto que tiene la mayoría de la gente de las mamás que nos quedamos en casa con los hijos. Agradezco mucho haber tenido ese privilegio durante 3 años y haber disfrutado a Farid 24/7, verlo crecer cada día, disfrutar sus ocurrencias, tenerlo pegado a mi como un koala y ver todo lo que aprendía cada día, pero hoy me tocó retomar una faceta de mi vida que extrañé mucho tiempo y que me encanta… decidí volver a trabajar y a seguir desarrollándome profesionalmente.


Durante mucho tiempo había anhelado ese primer día de trabajo, la nueva oficina, los nuevos retos, recibir tu primer sueldo, sentirte económicamente independiente… y pues el día llegó y yo lo único que sentía eran ganas de llorar y mi corazón que se hacía pedazos. Con Farid hemos sido inseparables durante tres años, y especialmente estos últimos meses en cuarentena nos unimos más que nunca. Farid, desde que tenía apenas dos meses estaba acostumbrado a quedarse a dormir donde mis papás y a pasar mucho tiempo con ellos (vivimos en el mismo edificio), durante la cuarentena estaba tan pegado a mí que cada que se iba de “pijamada” me llamaba para que lo recoja porque me extrañaba mucho.

La cuarentena para nosotros han sido meses de disfrutarnos, de reconectarnos como familia, de compartir y unirnos como nunca. Dentro de toda la situación difícil que vivimos, aprendimos a valorar todo lo que tenemos, a vivir un día a la vez y a agradecer por un día más de vida y salud. Pasamos muchas mañanas abrazados en cama, vimos miles de películas, probamos miles de recetas nuevas y nos amamos sin medida.


El día que salí a mi entrevista Farid se quedo con su papá y el aprovechó ese tiempo para explicarle que mamá posiblemente empezaría a trabajar. Al llegar a casa con las buenas noticias, me partió el corazón escuchar la voz entrecortada de Farid decirme… que feliz mami que vas a trabajar y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ese día hicimos siesta juntos, abrazados como si fuéramos uno. Disfruté tanto esa siesta, disfruté tanto tenerlo tan cerquita mío, sentir su respiración, su olorcito y acariciar su piel tan suavecita.





Los primeros días fueron sin duda muy duros, seguro más para mí que para él, pues a los 5 minutos que salía él ya estaba distraído con algo y feliz. Creo que las mamás somos las que más sufrimos en este proceso, de hecho, debo admitir que sigue siendo difícil para mí cada día salir de casa sin sentir esa culpa de dejarlo y sinceramente no se si ese sentimiento algún día pasa, pero para él cada día es más fácil soltarme la mano antes de que salga, es increíble lo independiente que se hizo en tan poco tiempo y como pueden adaptarse tan fácilmente a los cambios.

Por otro lado, para mí volver a trabajar a tiempo completo después de tanto tiempo me hace feliz, me ayuda a seguir realizándome como profesional y a segur aprendiendo.

Hoy con Farid seguimos teniendo una relación hermosa, somos inseparables cuando estamos juntos, llegando a casa me desconecto de todo y me conecto a él, para disfrutar las horas que tenemos juntos al máximo, y si bien el sentimiento de culpa no se va tan rápidamente, hoy me siento más tranquila teniendo un ingreso adicional en casa y esa tranquilidad se la transmitimos a los hijos y generamos un mejor ambiente en casa.


Papá ahora es el súper héroe que pasa clases con Farid, que lo baña, le da el desayuno y lo ayuda en sus tareas, sin duda nos tocó un papá ejemplar y un esposo cien puntos, que me apoya en cada decisión que tomo y está a mi lado siempre.

Sin duda, hoy más que nunca admiro muchísimos a todas las mamás que estudian, trabajan o a veces haces ambos a la vez, no es nada fácil dejar a los hijos sin que el corazón se nos rompa en mil pedazos, no es fácil ser mamá y además trabajar, pues ahí si que el trabajo no termina nunca y tiene una que sacar energías y fuerzas de donde sea. Pero las mujeres somos eso, fuerza y energía, esa combinación que nos hace las super heroínas de nuestros hogares.


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